martes, marzo 21, 2006

Un poco de Galicia nunca viene mal

Se cree que el celta que pobló estas tierras intento repetir lo mismo que hacía en la Galia, por eso la llamo Galicia; así fue como varió sus costumbres al darse cuenta que se encontraba en un lugar muy distinto. El celta de Galicia practicaba una religión naturalista, adoraba al sol, a las estrellas, a la luna, al mar, a los ríos, bosques, montañas y por supuesto al fuego. Su divinidad solar se convirtió con el cristianismo en el apóstol Santiago.
El culto del fuego es una de las tradiciones celtas que con más fuerza se conservan en la Galicia actual. Por estos tiempos, las gentes mayores de las aldeas se sientan ante el fuego del hogar en actitud de estar orando. Más tarde, en el momento que se van a acostar, se cuidan de proteger el fuego, con el fin de que se mantengan vivas las brasas.
Consentir que se apaguen supone un sacrilegio es el "fogo morto". Los novios se prometen ante el fuego y algunos se cuidan de no "realizar actos malos" delante de él.
En muchos pueblos de Galicia se tenía la costumbre celta de peregrinar a lo alto de las montañas llevando antorchas encendidas, con ello se pretendía obtener grandes cosechas con la ayuda de la diosa Ceres. Siguiendo el culto del sol marchaban los peregrinos a Finisterra, obedeciendo a la vieja tradición céltica del Ara Solis de llegar hasta el cabo sagrado. Allí se adoraba al sol naciente. Para el sol poniente se iba al Nerio.


Los celtas de Galicia en combate

"Cuenta Silio Itálico que los celtas de Galicia iban a la guerra entonando cantos nacionales.
-Eran los de más viva voz, pues soltaban unos alaridos estremecedores, que ni siquiera acallaban en el fragor de la batalla, lo que hacía imposible distinguir el momento en que habían sido abatidos por el acero, tenaces en la contienda, preferían la muerte a la derrota-"

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